Señor Presidente…usted se puede casar con la gloria

DETRÁS DEL HORIZONTE / Por: Dr. Darío Yrizarry

DETRÁS DEL HORIZONTE | por: Dr. Darío Yrizarry | Despejadas las dudas de la teoría conspiratoria surgida en contra del gobierno dominicano después de conocerse los resultados de las investigaciones hechas por los organismos de seguridad del gobierno Colombiano, quienes inmediatamente después  del magnicidio fueron los que importantizaron tal evento en el cual hicieron suyas las dudas del informe hecho por el Gobierno haitiano, al menos por este caso, de este lado del masacre reina la tranquilidad.

Las versiones puestas a circular  por pseudos organismos de seguridad de nuestros vecinos cuya finalidad era resaltar un vínculo inexistente de la Republica Dominicana en el vil asesinato del Presidente Jovenel Moise, fueron hechas añicos; y se hizo justicia. 

En ella resaltan categóricamente que las reuniones conspirativas no se desarrollaron en un hotel de nuestra localidad, desmintiendo aquel infame  informe hecho a la carrera por las autoridades haitianas, lanzado como resultados y conclusiones de las supuestas investigación.   

Los resultados de las investigaciones generadas pre causales en torno al asesinato fueron dadas por  The Washington Post y recogida en el portal del periódico colombiano El Tiempo, desmintiendo a las autoridades haitianas en su intento fallido de desviar la atención a la trama  perpetrada  por su propia seguridad. 

Sin embargo, las grandes potencias, incluyendo Estados Unidos,  siguieron con desdén el asesinato del Presidente Moise, mostrando nuevamente un desprecio total por sus gentes a quienes pretenden dejarnos como un pasivo social cuya solución dominicana permanece muy ajena a nuestra constitución.   

Pero mi propósito en este trabajo no es adentrarme en esa trama digna de una serie de Netflix. Mi preocupación apunta al gobierno dominicano en vista de que la influencia del sector empresarial es tan notoria como preocupante. Estos señores han logrado que el ejecutivo delegue un liderazgo y toma de decisiones propias del gobierno de turno en su mandato constitucional, finito y con fecha de caducidad.

Las autoridades complaciente con el sector empresarial, obvian adrede que la política fronteriza es responsabilidad del gobierno de turno en representación del Estado Dominicano perenne, quien es el que debe tomar control total de nuestra frontera y por vía de hecho, el mercado binacional, hasta el día de hoy en control del empresariado, quienes por cuatro décadas han sido los grandes beneficiarios de ese comercio irregular. 

De este lado el dominicano común subyugado al empresariado voraz como simple comitente. Del otro lado, un puñado de hombres agrupados como empresarios en la pobre nación Haitiana que ejercen control de la ilegalidad y, en una perniciosa alianza en contubernio con los de aquí, perjudicando a gentes que mueren desangradas por la insaciabilidad de sus incontrolables apetencias acumulativas de capitales.

Lejos de tener adhesión política alguna y luego de la muerte de Trujillo, estos grupos de poder han aprendido a mantener una cohesión que no escapa a   gobiernos, usurpando hábilmente el legado dictatorial del tan vilipendiado Jefe, asumiendo su cultura y transfiriendo la misma a su pequeño grupo empresarial dominante, los que niegan su propia esencia escudándose en una falsa democracia existente tanto de este lado del Masacre como del otro. 

Los líderes políticos dominicanos conocen al dedillo la situación pre magnicidio de Haití, sus actores y posibles consecuencias a la RD de Duarte y Luperón. Saben con certeza quiénes y cómo manejan el comercio en esa media isla sin importarles en lo más mínimo la suerte corrida por sus gentes. Pero de este lado insisten en establecer relaciones diplomáticas y acuerdos de entendimiento con una sociedad que hace décadas falleció a causa de “necrosis social”. 

Es prudente recordar que en el gobierno del Presidente Leonel Fernández  en su  período constitucional 2012,  fue construido con fondos del Estado Dominicano un moderno centro Universitario con una inversión de 30 millones de dólares, hecho relevante que enviaba a la comunidad internacional una marcada intensión positiva de contribuir con el vecino Haití y sus gobiernos defactos, construcción que no fue valorada  en su justa dimensión, saqueada, destruida y reducida a su mínima expresión. Esa alta casa de estudios llevaba honrosamente el nombre de Juan Bosch, cuya memoria fue ultrajada y vilipendiada por unos ciudadanos llenos de odio y rencor. 

Jamás los dominicanos hemos olvidado aquel fatídico día en que la seguridad del   Presidente Fernández tuvo que improvisar un gran escape al estilo “hollywoodense” para sacarlo ileso del ataque a su caravana, apedreada por una turba en una irracional revuelta en su contra en ocasión de una visita que este  hiciera a territorio haitiano. 

De modo que estamos en presencia de unos vecinos que de manera reiterada han repetido la historia, negándose a la convivencia pacífica que, cual gato ante un ofrecimiento de alimento (versión popular) cierran los ojos para no ver a quien le da de comer,  provocando usuales y reiterados problemas de colindancia.

Visto esta reseña de la historia reciente en las relaciones binacionales, el gobierno del presidente Abinader tiene que recapitular sus acciones sin recibir presiones del empresariado, tomando en cuenta que su mejor aliado es el pueblo dominicano sencillo que hizo de su persona un Presidente, de modo que podamos preservar la   paz y armonía entre nosotros en beneficio del Turismo como fuente principal de divisas.

Las enérgicas palabras expresadas por el Presidente en un video que circula en las redes sociales han caído como un vaso de agua cuando la sed agobia. Es la expresión contundente  de un mandatario decidido a tomar el control del país para ejecutar lo que la constitución le confiere en defensa de nuestra soberanía. Las reacciones positivas a estas elocuentes palabras sobre lo que soberanamente los dominicanos debemos hacer, les han creado empatía hasta al más enconado adversario político de los ciudadanos, de modo que damos por seguro que la solidaridad y cortejo de un pueblo que clama por su fortaleza fronteriza no se ha de negar. 

La flexibilidad de nuestro gobierno no es una opción en estos momentos en que Haití convulsiona socialmente tras el asesinato de su Presidente. Lo refleja los ataques que sufrieron un grupo de periodistas dominicanos el sábado 23 de julio por parte de una turba,  cuyo detonante fue tan solo el color de piel. Este hecho no puede pasar por desapercibido y calificarlo de simple minoría. Nos siguen enviando señales muy claras de que un odio iracundo e irracional envenena sus mentes, mostrando un conflicto  existencial a falta de “identidad cultural”.

¡Adelante señor Presidente, usted se puede casar con la gloria!. 

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