El COVID-19 nos encamina hacia un nuevo orden mundial

Janet Camilo

SANTO DOMINGO .- La preocupación no es si estos cambios ocurrirán, sino cuán profundos serán, cómo los vamos a manejar y cuándo empezarán a ser tangibles.

Aunque es muy pronto para sacar conclusiones y los economistas, expertos y filósofos del mundo andan con su lupa analizando cada detalle, todo apunta a que la crisis que ha provocado la pandemia COVID-19 provocará y desde ya se ven atisbos, un cambio en el orden mundial.

El virus llegó sigiloso, sin aviso, sin siquiera una señal de advertencia y atrapó a la humanidad en uno de sus momentos de mayor globalización, de grandes desplazamientos de población en un mundo con cada vez menos fronteras que franquear. Un organismo microscópico, oportunista y que no discrimina, tiene a la humanidad arrodillada y nos ha obligado a cambiar nuestros hábitos, la forma de relacionarnos, desde el plano familiar, hasta el social y nos ha impuesto nuevas prioridades.

En definitiva, tendremos que plantearnos un antes y un después a partir de esta crisis sanitaria que afecta a toda la humanidad, donde todo es especulativo, todo es prueba y error, todo es experimental. Nadie sabe cómo saldremos, pero cada día se escribe la certeza de que viviremos en un nuevo mundo con otras reglas. La preocupación no es si estos cambios van a ocurrir, sino cuán profundos serán, cómo los vamos a manejar y cuándo empezarán a ser tangibles.

Las fronteras se han levantado de nuevo por todas partes, desde los hogares hasta los países y la movilidad por motivos laborales se ha reducido drásticamente. Las áreas económicas basadas en servicios, como el turismo o la gastronomía, cayeron por un precipicio y existe una gran preocupación sobre cuándo y cómo se podrán reanudar, cuándo y cómo volverán las personas a tener confianza de salir de sus casas a descansar y divertirse, sin miedo y sin el riesgo de contagiarse.

El valor de la globalización ante la permanente amenaza del COVID-19, se reduce, pues este modelo económico se nutre mucho de la movilización y acercamiento de las personas en el mundo.

Nuestro país por ejemplo, tiene una economía que depende en gran parte de la industria turística, considerada una actividad transversal en la economía del país, que emplea al 7% de la población, consume el 36% de la producción agropecuaria, genera el 33.9% de las divisas, capta el 20% de la inversión foránea y aporta 7.6% del Producto Interno Bruto, según una investigación del Banco Central de la República Dominicana publicada en julio de 2019.

El panorama post COVID-19 plantea serias restricciones en vuelos y otros desplazamientos, así como controles fronterizos más restrictivos que de seguro plantean un gran reto a los responsables de esta actividad económica en lo adelante, para seguir trayendo turistas desde otros países y otras latitudes, pues hasta los locales tendrán miedo de hacer turismo interno.

Me pregunto si será posible que tengamos una “desglobalización” del turismo y si estarán las futuras generaciones condenadas a quedar atrapadas en las fronteras nacionales. No es que sea pesimista, quizás es parte de mi desconocimiento de algo que nunca había sucedido y nos pone a pensar en tantas cosas.

Pero la pandemia también está golpeando duramente al sector industrial, que según algunos economistas en el 2019 marcó el pico más alto en la fragmentación de la cadena de suministros y hoy este proceso productivo está viendo acelerar su declive que ya se vislumbraba, marcado por factores como la automatización de los servicios, las compras por internet y las entregas rápidas, con ciertos modelos en el comercio que avanzaban con una celeridad pasmosa y, de repente, el COVID-19 nos ha hecho dar este frenazo, y aparentemente no podremos dar marcha atrás.

Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), de las Naciones Unidas, en entrevista con la cadena BBC Mundo indicó que «Definitivamente, está ya no va a ser una globalización de cadenas de valor. Lo que va a ser más importante: el cambio en los modos de producción y en los modos de consumo” y al analizar cómo la crisis del coronavirus aumentará el desempleo y la pobreza en América Latina, advirtió que «Esto se va a parecer mucho a una economía de guerra».

La globalización nos deja frente a riesgos que aún desconocemos, pero hemos de asumirlos, enfrentarlos y superarlos, porque no desaparecerá, es el modelo de desarrollo económico más importante que tenemos, pero después de esto no será el mismo, tendrá que readaptarse para dar respuesta a las nuevas necesidades de un mundo que, al parecer, adolece del liderazgo que requiere esta crisis.

Mirando hacia atrás, encontramos las respuestas a dos acontecimientos que cambiaron el orden del mundo tal como se conocía hasta entonces. Después de 1918, la primera guerra mundial: tuvimos organizaciones internacionales débiles, el ascenso del nacionalismo, proteccionismo y depresión económica.

En cambio, luego de 1945, con la segunda guerra mundial, tuvimos más cooperación e internacionalismo, reflejado en el acuerdo Bretton Woods, el Plan Marshall, las Naciones Unidas y el Acuerdo General de Aranceles Aduaneros y Comercio.

Hoy, cuando el enemigo se mete dentro nuestro sin que lo veamos y destruye todo lo que conocemos sembrando muerte, pobreza y desolación, ¿cual será la respuesta del liderazgo político mundial?

El secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, ha pedido un alto al fuego global y ha descrito la pandemia como la prueba más importante que las Naciones Unidas ha enfrentado desde su creación. La Asamblea General de la ONU aprobó una resolución en la que insta a una respuesta multilateral coordinada.

El Consejo de Seguridad es el organismo que centraliza todos los esfuerzos de las Naciones Unidas sobre paz y seguridad internacional y aborda crisis globales como la que vivimos, por lo que el contexto actual requiere que el CSNU actúe y gestione una respuesta a esta crisis sanitaria de dimensiones globales, lo cual no es tarea fácil pues  lo primero es procurar unificar al liderazgo mundial.

Desde lo nacional hasta el concierto de países que conforman la comunidad internacional, se requiere una profunda reflexión sobre la necesidad de que dejemos atrás la política de acusación mendaz y el burdo proselitismo, con el que solo conseguimos agravar la situación.

Es hora de que las grandes potencias se eleven por encima de sus intereses nacionales para sumarse al liderazgo mundial y, en colaboración mutua, desde el multilateralismo solidario y humano, construir respuestas que procuren unificar el mundo desde un nuevo orden. Así esperamos que ocurra y aun así nos preguntamos si realmente aprenderemos las lecciones de esta crisis.

Fuente.

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