Reforma a la Constitución (1/2)

Dario Yrrizarri.

DETRÁS DEL HORIZONTE | Por Dr. Darío Yrizarry .- Los resultados experimentados en los procesos electorales de las últimas dos décadas en la República Dominicana nos han evidenciado que se ha constituido en un axioma el hecho de  que una única organización política no es auto suficiente para conseguir el 50%+1 requerido como mayoría de votos para resultar ganador de un torneo electoral en primera vuelta.

Esta característica viene dada en gran medida a la diversidad de siglas que conforman el espectro político, disgregados y subdivididos  en pequeñas células o grupúsculo, impidiendo estos el crecimiento y decision de los partidos mayoritarios. Visto esto en la interioridad existencial de la constitución como esencia de la democracia, la historia, por la consecución de hechos  se ha encargado de confirmarnos el gran negocio que constituyen las toxicas alianzas entre estas micro células (pequeños partidos) y las macros cuyo costo  cuantificamos cada cuatro años en miles de millones de pesos a solo costa del Estado, sumas estas que pudieran ser bien usados en pagos a deudas sociales acumuladas. 

Es necesario que la sociedad civil, las Iglesias, grupos empresariales, organismos internacionales junto al liderazgo político nacional se empoderen a través de un Pacto Político Nacional a los fines de reencauzarnos  a través de una reforma constitucional  de modo que, como antes de la reforma del 2010, los dominicanos podamos tener verdaderos partidos de masas de incuestionables resultados electorales y líderes nacionales libres del parasitismo político.

Por pruebas irrefutables nos damos por enterados que el 50%+1 que debe obtener una organización política bajo el régimen electoral actual las obliga hacer alianzas con sectores que,  aunque se conoce de su maledicencia social,  si bien es cierto que le suman los votos necesarios a las grandes siglas para alcanzar mayoría de votos, no es menos cierto que luego de alzarse con la victoria,  estas constituyen un obstáculo para llevar a cabo el programa de gobierno, en este caso del PRM, impidiendo de entrada la persecución a la corrupción cometida por los pasados funcionarios y el avance en el adecentamiento del ejercicio político, a la sazón LFP, sus aliados forzosos. El surgimiento cada cuatro años de gobiernos débiles y genuflexos comprometidos con el pasado debe desaparecer y son estos grupos los llamados a  garantizarle al conjunto social un Estado fuerte y ejemplarizante a través de su carta magna (en esencia)  y la ley Electoral.

Y es por lo antes dicho que los dominicanos fuimos testigos de hecho (para citar un solo) de la alianza política realizada entre el PRM y la mal llamada LFP (Leonel Fernández Presidente) hoy estrenando la categoría de Partido Minoritario, neonato grupúsculo mutante que, vista esa transformación, pretendian cual crisálida mostrarse al electorado vivo, lúcido y sin defectos visibles, amparada y protegida bajo la sombra del gobierno del PRM.

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