Llévese de mi, señor Presidente

Dario Yrrizarri.

DETRÁS DEL HORIZONTE | Por: Dr. Darío Yrizarry | A cuarenta y cinco días del asesinato del presidente haitiano Jovenel Moise,  los resultados a las investigaciones ordenadas e iniciadas por sus autoridades  justo después del magnicidio se encuentran en un limbo jurídico.

Este estado de suspensión se produce a causa de la obligada renuncia del Juez investigador a cargo, Mathieu Chanlatte, marasmo surgido por el conservacionismo natural a la vida de la especie humana. 

Los motivos aducidos al abandono de su responsabilidad  han sido (tomándole sus palabras) por asuntos personales, no obstante haberse filtrado la información de que su renuncia obedeció a la ausencia de respuesta positiva o negativa a un pedimento de protección que este hiciera a las nuevas autoridades de gobierno  instaladas de manera transitoria en el palacio.

El inusual comportamiento de desprotección al juez asignado a la investigación envía al mundo  una señal bastante clara de que las esperanzas de conocer las verdaderas causas de este atroz magnicidio son nulas, por lo que a nuestra consideración estas concluyeron justo después  de perpetrada la trama. Las falsas acusaciones post magnicidio hechas por las autoridades haitianas a los ciudadanos colombianos perdieron credibilidad por carecer de pruebas irrefutables que los involucre  en los hechos, ubicándolos en un plano de la trama como “chivos expiatorios”. 

Lejos de una solución dominicana a los secuenciales problemas  haitianos, el presidente Abinader debe concentrarse en gobernar para sus congéneres. Las insatisfacciones de los dominicanos por los grandes problemas acumulados ya no se resuelven con un discurso preñado de palabras bonitas y rebuscadas. Se necesita de acciones concretas, transparentes y contundentes que sean capaces de transformar nuestra sociedad a un estado moderno. 

Lejos de estas añoranzas, sin embargo, el gobierno y sus aliados empresarios insisten en mantener relaciones diplomáticas y comerciales con nuestros vecinos, esa misma sociedad inviable que tanto sacrificio nos ha costado, quedando harto demostrado en el tiempo que no existe manera alguna de sustentarlas ni satisfacerla. 

Haití, ese conglomerado humano certificado como Estado fallido ha sido abandonado a su suerte por la comunidad internacional; y razones justificadas las hay en abundancia. Las causas de ese abandono son ajenas al estado dominicano, sin embargo las consecuencias de la misma la estamos asumiendo, situación que está provocando un desdoblamiento involutivo de la dominicanidad cuya responsabilidad histórica al final será su verdugo.  

Las Ongs que inciden en nuestros gobiernos e insisten en la idea de fusión de la isla como única solución a un problema étnico cuya culpa y responsabilidad no son de los dominicanos. Nos quieren obligar a acogerlos en nuestras tierras con status de  refugiados económicos mientras los mismos son rechazados por otras naciones con poderío económico y habitad que les sobran. 

El pueblo dominicano tiene sus sentidos bien abiertos y  direccionados a las ejecuciones del presidente Abinader en cuanto al tema migratorio. Por lo que no está de mas recordarles a los nuevos inquilinos de palacio que el cargo presidencial es transitorio y, como tal, el ejecutivo no puede bajo ninguna circunstancias, valiéndose de su cargo, tomar medidas tan álgidas como las que pretenden las grandes potencias  relativas a la migración haitiana. Las leyes y la  constitución dominicana no son pedazos de papel.

Un recorrido por nuestros barrios, aquellos que están fuera de los perímetros donde se ubican las instalaciones hoteleras, nos ilustran la grave y abrumadora situación de la migración en la Provincia Altagracia.

Barrios como Haití Chiquito, el hoyo de Friusa, Cosovo en Verón Bávaro; Aguadilla, Anamuya, Otra Banda, la Florida y decenas de barrios en el municipio de Higuey,  han sido tomados por asalto por los indocumentados haitianos, trayendo consigo su insalubridad, sus deficiencias e incapacidad de adaptación a los principios cristianos y nuestras costumbres. 

Sabemos que las parturientas haitianas son traídas a este lado de la Isla en tours bien organizados sólo a dar a luz en nuestros hospitales, alterando los registros de nacimientos a tal extremo de que en el Municipio de Higüey estos supera los nacimientos de las parturientas dominicanas en un 53 a 47 por ciento.

El presidente Abinader tiene que apretarse el cinto,  ser más enérgico con sus medidas, tomar el toro por los cuernos,  gobernar para los dominicanos reconociendo que fue elegido por  sus gentes  y dejar  de ser un servil más de las Ongs y el empresariado voraz.

La soberanía de un país ciñe todo lo concerniente a las ejecuciones que fortalezcan su estado de derecho, por lo que lo primordial para estos logros sociales son sus gentes y luego los demás.

Aquellos que viven detrás de confortables escritorios trazando pautas a nuestras autoridades acerca de lo que éstos deben o no hacer creyéndose el gobierno del mundo, pueden evitarle al Presidente que a futuro inmediato, una revuelta social le dañe su gobierno antes de los cuatro años. 

Haciendo uso de una acepción surgida en el populismo del  lenguaje dominicano, quiero atreverme a sugerirle…llévese de mí, señor Presidente!

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