Una opinión a evaluar

DETRÁS DEL HORIZONTE / Por: Dr. Darío Yrizarry

REPUBLICA DOMINICANA .- La  Junta Editorial de The Washington Post emitió el pasado 31 de septiembre una opinión modélica muy valiosa no solo para la República Dominicana, sino concerniente también a los países con iguales condiciones al nuestro, los que por la naturaleza histórica evolutiva compartimos frontera.

Esta opinión editorial cae como un perspicaz, contundente y claro  mensaje de que una unificación de dos naciones que comprenden el anverso y reverso de la moneda, no es la solución a una crisis social

La inestimable opinión de este diario estadounidense denuncia y recomienda  responsablemente  la intervención pura y simple de este conglomerado, como única solución a los problemas políticos y sociales de los haitianos, del mismo modo que el presidente Abinader ha clamado en foros internacionales.  

Por lo que dos recomendaciones de peso específico no pueden ser ignoradas; deben servir de advertencia a los hurgones del patio que por tradición han coexistido con las Ongs que apadrinan la sola unificación de la Isla, aquellos insanos dominicanos que por su inconexa defensoría han engrosado sus patrimonios personales. 

Altagracia Salazar, Huchi Lora, Matías Bosch, grupo “todos somos dominicanos” (haitianos y dominicanos que residen allende los mares) y otros  comunicadores del patio pertenecientes a grupos pro haitianos que luchan por la inclusión social (con razón o no), defienden equivocadamente de este lado de la isla derechos humanos que les niega su país de origen.

Desprovisto de ideología del racionalismo como corriente filosófica de Descartes, estos anti dominicanos traidores a la Pátria sustentan y coordinan acciones en contra de la razón, a favor de 11 millones de hombres y mujeres disociales que afloran un odio iracundo en contra de nuestra identidad, convencidos de que la solución a los problemas de Haití está en la unificación de la Isla. 

Estos grupúsculos que conforman la alianza domínico-haitiana, provistos de fondos  de Ongs extranjeras defienden a “capa y espada” una causa injusta para la RD de Duarte, Sánchez  y Mella, enarbolando un derecho irracional a la nacionalidad,  asumiendo que la solución a los problemas conductuales, antisociales y de disociación de Haití, están, como única vía, mezclando dos elementos tan disímiles como el agua y el aceite. 

Sin embargo, contrario a lo más arriba citado, dominicanos  aliados  a Ongs extranjeras y un entreguismo pasmoso, niegan con sus acciones la lucha de aquellos mártires que lo dieron todo a favor de la dominicanidad, defensores de una bandera tricolor que lleva en el centro un escudo con una biblia abierta en el Capítulo 8 versículo 32 del evangelio de Juan: Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres. 

Citando a Ríchard Jenkins, antropólogo social  nacido en Liverpool, la tierra de los Beatles, nos dice que la identidad es tanto individual como colectiva. Y agrega que sin similitud y diferencia, las personas no podrían relacionarse entre sí de una manera coherente y significativa.

Hemos encontrado a un Presidente que ha dado la cara por su pueblo. Un mandatario que se ha mostrado enérgico y decidido a enfrentar la difícil situación económica post pandemia, sumándose la crisis política haitiana que, aunque no es un problema netamente dominicano, de este lado debemos enfrentarlo como tal entendiendo el comportamiento reticente y “cara de poco amigos” que han mostrado las autoridades haitianas. Esto, a pesar de que la República dominicana ha sido el país más solidario del área con sus gentes, que mientras las mayorías las ignoran, nosotros les brindamos confianza y seguridad alimentaria. 

La intervención de Estados Unidos  y sus fuerzas militares ya se hace inminente (aunque no vemos las posibilidades por desinterés) visto el descalabro social y económico de ese pedazo de tierra, resquebrajado por grupos antisociales paramilitares constituidos como crimen organizado, llegando a controlar el país a costa de la opresión de sus gentes.

La visita que hará el canciller haitiano a palacio para reunirse con el Presidente Abinader no abriga esperanzas. No creemos que aporte nada beneficioso para los haitianos, menos a los dominicanos.  Pues debemos recordar que no es la primera ni será la última reunión que sostendrán ambas naciones, considerando que todos los acuerdos arribados anteriores a este, han sido violados por la cúpula haitiana. 

Tenemos ingratos recuerdos de la última reunión efectuada el día 2 de Diciembre del pasado año entre el Presidente y el flamante Canciller de Haití Claude Joseph. 

Pero soy de los que creo y estoy convencido que el Presidente Abinader personalmente no debe reunirse con un canciller de un inexistente Estado como Haití. En todo caso para eso está nuestro Canciller, homologando los rangos con el de Haití de manera que nuestro número uno no baje de categoría. ¿Qué puede  acordar el Presidente con autoridades que no tienen el control y dominio de sus instituciones?

Es mi opinión.  

El tiempo se encargará de definir  y evaluar estas acciones.

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